Atenea Kun

Sobre el poder y el indulto a Fujimori

Desde hace un tiempo he estado dándole vueltas al tema del poder. El deseo de dominación es, en definitiva, innato en el ser humano y el resto de animales. Los ejemplos sobran. Por ello, los modelos económicos se basan, en resumen, en quién tiene el poder: la aristocracia, la oligarquía, las grandes corporaciones, el Estado, el pueblo, etc.; y en cómo se divide entre estos grupos.

El poder está estrechamente ligado a la dominación. No citaré aquí –porque me faltaría espacio, tiempo y estudios– a todos los teóricos que han disertado sobre esta relación. Foucault, Weber, Platón, Maquiavelo, Nietzsche, Marx, Freud, entre muchísimos otros, han intentado explicar, cada uno desde su disciplina, los vínculos de poder que se dan entre individuos y grupos. El poder es un tema transversal que explica la organización del mundo y las interacciones entre las personas.

Escribo este preámbulo para referirme a la coyuntura política actual. El fujimorismo maneja dos relaciones de poder complejas.

Una interna, en la supuesta pelea de Keiko y Kenji (ver mi artículo anterior), que más allá de que si sus rounds son naturales o forzados —aún no sabemos si es “Esto es guerra” o “El gran show”—, definitivamente hay una pugna por el poder, por definir quién representará al partido (o más que partido, al movimiento, porque Kenji podría lanzarse con un “partido de alquiler”) en las próximas elecciones. Así Keiko haya accedido a actuar en la pantomima para lanzar a su hermano, no me imagino que haya sido de buena gana.

La otra relación de poder es externa. Desde que perdieron las elecciones se han dedicado a desestabilizar al gobierno de PPK.  Su principal estrategia ha sido interpelar y censurar ministros.

Su mensaje es: ganó el gringo, pero nosotros tenemos mayoría en el Congreso. ¡A joder se ha dicho! Con ello, no solo consiguen joder por  el hecho de joder, sino también adquirir notoriedad. No les conviene que PPK tenga logros significativos, ya que su carta para el 2021 será mostrar “lo mal que está el país” y cambiar el SEASAP aprista por un SEFSAP (“solo el fujimorismo salvará al Perú”).

En esta disputa por el poder, PPK, a mi humilde parecer, contaba con dos opciones: aliarse con los naranjas y cogobernar o darles la batalla uniéndose al antifujimorismo. El obstáculo para la segunda alternativa es que el antifujimorismo es un alma que solo toma posesión de un cuerpo en la previa a la segunda vuelta o cuando se menciona el indulto, y que no tiene líder, partido político específico, ni poder fáctico.

Kuczynski se ha mantenido tibio, ni en una ni en otra, y está a punto de convertirse en un Belaúnde (sanisidrino sin calle). Sin embargo, él sabe que en esta pugna por el poder hay que ceder. ¿Cómo ceder? Con el indulto. ¿A quién le conviene el indulto? Ya ni sé. Diversas hipótesis: A Alberto, porque tiene dinero y oro en Japón y necesita ir lui-même a retirarlos (por eso el arresto domiciliario no es de su interés); a Kenji, porque es el delfín de su viejo y necesita su respaldo para ganar las elecciones; a Keiko, para demostrar que ganó finalmente en algo, que liberó a su padre y juntos buscarán retornar al sillón presidencial, sin importar si es Agamenón o Electra el que lo ocupe.

Pero, bueno, el presidente prefiere consentir este pedido y quedar mal con los caviares un rato y luego gobernar con relativa calma, a continuar con el poder confiscado por los fujimoristas. A mí el indulto me parecería una vergüenza nacional. Así de simple. Un retroceso terrible. No obstante, partiendo de la premisa de que PPK no es la versión peruano-polaco-francesa de Bush hijo que nos llevará al más privatizado de los capitalismos, entiendo que se decida por Guatemala frente a Guatepeor. En sencillo: liberar al mal llamado chino para poder tener el poder, valga la redundancia.

¿Quién le dio el poder a los fujimoristas? ¿De quién es la culpa de que hayamos llegado a estos extremos?

Hagamos memoria. De los terroristas que crearon el contexto perfecto para que Alberto (ya si digo Fujimori no se sabe a cuál de los tres me refiero) quede como el salvador del Perú. De casi la totalidad de gobiernos previos a 1990, que trabajaron de espaldas al pueblo, por lo que Alberto necesitó solo unas cuántas bolsas de arroz y un carrito para recorrer el Perú profundo y aparecer en zonas recónditas como un dios griego alado. De la prensa, que legitimó a Keiko, la tomó en serio y la volvió presidenciable.

Del sistema electoral peruano, el voto preferencial, la falta de separación entre las elecciones presidenciales y congresales. Del cuco del autoritarismo, que impide que PPK o cualquier otro jefe de Estado responda a un congreso opositor cerrándolo, porque ¡oh, somos Venezuela y es el fin del mundo!, lo que hace esclavos a nuestros mandatarios.

¿Será cierto que si PPK accede al indulto los fujimoristas se tranquilizarán? ¿O arremeterán aún más? ¿Nos podemos dejar manipular? ¿Quién tiene verdaderamente el poder? Ustedes respóndanme.

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