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Seis meses después de expulsar al ISIS, solo hay muerte y desolación en Mosul

Después de la expulsión del ISIS, en la ciudad iraquí se ven cadáveres por sus calles y hambre en sus habitantes.

Frente a la mezquita donde el autoproclamado “califa” del grupo ISIS hizo su única aparición pública conocida, en 2014, algunos cadáveres siguen descomponiéndose. Seis meses después de su liberación, Mosul ofrece todavía un espectáculo de desolación.

Desde la cornisa sobre el río Tigris, las paredes con boquetes de los hoteles sólo ofrecen vistas sobre una enorme montaña de escombros.

Una vez superada la euforia que provocó el fin de tres años de ocupación yihadista en julio, los pocos habitantes que se aventuran por las calles destruidas de la Ciudad Vieja viven en la miseria.

El centro de la ciudad, varias veces centenario, quedó aniquilado por muchos meses de guerrilla urbana, bombardeos aéreos de la coalición internacional que apoyaba a las fuerzas iraquíes y los obuses de los yihadistas.

Mosul está en ruinas después de una feroz guerra contra el ISIS.

El padre y el marido de Asma Mohamed, ambos muertos en un bombardeo aéreo, fueron enterrados en un cementerio improvisado. La mujer asegura que el ataque mató sólo a civiles sin tocar a los yihadistas de las casas vecinas.

Pero las autoridades “dicen que deben realizar una investigación antes de entregar los certificados de fallecimiento”.

Según fuentes locales, cerca de 2.000 civiles murieron como consecuencia de estos bombardeos y de los combates en Mosul. La coalición internacional liderada por Washington sólo reconoce haber matado “involuntariamente” a 817 civiles desde 2014 en ataques en Irak y Siria.

Ansam Anwar, 30 años, y su esposa. Viven sin luz ni agua. Pero resisten.

Asma sobrevive con sus dos hijos gracias a la ayuda de amigos y vecinos y cuando piensa en el futuro se echa a llorar.

En su sector, sólo ha vuelto una familia, la de Ansam Anuar, de 30 años, que regresó hace unos días con su marido, sin empleo, y sus cinco hijos.

En las pequeñas habitaciones de su casa hace mucho frío. Los contadores de electricidad, arrancados, cuelgan de un cable en la pared.

“Seguimos sin agua ni electricidad, mis hijos no tienen colegio y el olor de los cadáveres en descomposición sigue asfixiándonos”, se lamenta Ansam.

Tras su invasión de Irak en 2003, los estadounidenses habían chocado con una fuerte resistencia en esta región de la que eran originarios muchos altos cargos militares del ejército de Sadam Husein.

Incluso antes de la llegada del ISIS en 2014, grupos extremistas imponían su ley en algunas zonas.

Uno de los pocos restaurantes que quedaron en pie en Mosul. AFP

Mozhar Abdel Qader, comerciante de 48 años, asegura que no hay que cantar victoria porque persisten las condiciones que permitieron al ISIS reclutar combatientes.

“Hay desempleo, injusticia y la gente no tiene qué comer. Así que cuando les proponen 100 dólares para poner bombas, lo hacen”, afirma este padre de familia, con cinco hijos, cuya casa está cubierta de impactos de balas y obuses.

Agencia AFP.

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