Nestor Scamarone

Que la corrupción del Estado no te haga perder la esperanza

El caos en el cuál estamos inmersos es el producto de la indiferencia acumulada de muchos malos gobiernos

Escribe Néstor A. Scamarone M.

A puertas de “Semana Santa”, el peruano hizo catarsis y pudo sentir descarnadamente en sus vidas, lo que significa alimentarse de la “cultura de la muerte”, esa que tiene raíces en la malignidad pura como señala Giovanni Pappini en su libro “El Diablo” y cuya razón de ser se llama corrupción en todos sus colores y matices; sin embargo, no debemos perder la esperanza, en el Perú existen muchos y buenos ciudadanos.

Mencionábamos hace un mes en artículo escrito en este diario, que existía una gran parte de la población que representaba, un descontento profundo hacía sus políticos e instituciones, producto de la indiferencia acumulada de muchos malos gobiernos que sólo han satisfecho sus propias ambiciones muy lejos de las verdaderas necesidades del pueblo:, oligarquías, golpistas e indiferentes, jugadores de izquierda y caviares hipócritas, que descuidaron la verdadera esencia de los derechos humanos, donde sólo se jugaron con cartas marcadas y desde las perspectivas del “couprier de turno”: que en este caso era PPK y sus ad lateres, hagan juego señores…

Desde hace años los peruanos nos sentimos agobiados y frustrados, observamos con pena y disgusto que los antivalores se apoderan del gobierno y de la sociedad. Nos asombra ver cómo el respeto por la verdad, por la vida, la gente y lo ajeno se diluye, cómo la integridad y la honestidad son pisoteadas. La mayoría de la sociedad peruana lo repudia, allí el cambio fundamental que reclamamos hoy y que deberá llevar como estandarte el gobierno de Martín Vizcarra.

Las protestas se han incrementado

Ni antisistemas, ni comunismo, narcoterroristas, ni liberalismo salvaje o cultura de la muerte como lo llamaba San Juan Pablo II. Queremos un Perú decente, que se presente digno y orgulloso frente al mundo, donde el progreso y la prosperidad sean el producto de la veracidad y el honor, del trabajo fecundo y honesto, inspirado en principios y valores compartidos sin exclusiones. Tenemos que comenzar por recuperar al Estado y a la familia como el núcleo fundamental para el crecimiento de la sociedad. Son los gobernantes y los padres los responsables de educar a los ciudadanos para la vida. Tenemos que ingeniarnos mecanismos para cultivar en nuestros ciudadanos los valores de una democracia responsable y no libertina, mentirosa, sobada y hedonista, debemos propiciar el ambiente para que ellos constituyan una patria de ciudadanos sanos, integrados y sobre todo con trabajo digno, de donde debe mudarse la pobreza y nunca más existir ese germen maldito llamado CORRUPCIÓN.

Ya las primeras medidas están dictadas, si bien vendrán no menos de 20 años de efectiva cárcel (después del inmediato impedimento de salida del país) y el allanamiento de sus propiedades, levantamiento del secreto bancario (en el Perú y en el planeta y de las comunicaciones, el frívolo, soberbio y “caco vulgar” señor Pedro Pablo Kuczynski, tendrá muchos años para limpiar su alma y tratar de encontrar la cruel diferencia, del que muere de hambre y del que vive sin pensar que destruye la dignidad del hombre quitándole al necesitado, tal como lo hacen la mayoría de los indiferentes del Perú.

Podemos superar el miedo padre de la corrupción, porque Alguien más grande que todas las amenazas, nuestro Padre camina a nuestro lado. El cuida de nuestra vida, porque para El somos lo más importante. A nosotros a veces nos queda algo así como un rompecabezas difícil de armar. ¿Como se juntan las piezas del rompecabezas del sufrimiento, de las dificultades, de nuestra propia pobreza personal y de nuestros miedos?. Fácil, se juntan y alivian hasta desaparecer, sólo con la certeza de que Dios nos cuida y nos protege como a sus hijos y nos enseña a alejarnos de la CORRUPCIÓN, que el hombre sea como dice Martín Lutero el hombre es dueño de escoger su propio camino, esa es cosa tuya…

Odebrecht ha protagonizado uno de los casos más grandes de corrupción en la historia

“¿Por que no debemos temer?” y dentro ese temor caer en la corrupción, se pregunta San Juan Pablo II, y responde: El poder de la Cruz de Cristo y de su Resurrección es más grande que todo el mal del que el hombre podría y debería tener miedo – “Cruzando el umbral de la esperanza, 34“. Entonces: “NO TENGAIS MIEDO”, Mateo 10,26-33

La justicia afianza el país, en especial cuando la practican desde el funcionario más elevado hasta él más bajo, mientras que la corrupción la empobrece. Hay que acabar con ese <<germen maldito>> que se llama corrupción..!.

Con agresividad, odio, difamación, lucha de clases timoniado principalmente por la corrupción, donde los gobernantes mienten y delinquen como modo de vida, lo que se produce es violencia y pérdida de la esperanza. Se acentúa el pesimismo y se pierden las ganas de progresar. La esperanza es la confianza que los individuos ven a mediano y largo plazo de su entorno. Son muchas las variables que pueden influir en esta percepción. Cuando los individuos miden la satisfacción de algo, ésta viene reflejada en la diferencia que existe entre lo percibido y lo esperado, además del costo de dicho proceso. Por eso, en política se debe de ser muy cuidadoso cuando se crean expectativas que luego no se pueden cumplir como lo hacen los “PPKs DEL PLANETA”, con un cinismo que raya en el imbecilismo.

Con una corrupción generalizada y pervertida y con deficientes medidas políticas principalmente y económicas hechas especialmente para “robar –robar”, se mantiene dormida la iniciativa de los individuos y sus posibilidades de progreso. Por varias décadas, malos gobernantes y funcionarios y los que los corrompen, como el “club de las Treinta” y vinculantes, junto a la corrupción y la viveza de unos pocos, han venido mermando la esperanza de la colectividad. Sin embargo, en lugar de sentirnos derrotados y sin ganas, llegó el momento de resurgir la esperanza en general. Somos un país que cuenta con un gran número de profesionales competentes y honestos, que bien pueden guiar al país hacia un siglo de prosperidad y tan sólo necesitan que se les permita actuar.

El pueblo no debe perder la esperanza en sus instituciones

No es verdad que todo está acabado. Contamos con un Perú que puede aprender de los errores del pasado y los muchos errores del presente y hacer un viraje hacia la excelencia y la prosperidad. Sólo necesitamos erradicar la corrupción, esa que incluso llega a gobernar a nuestras familias, hay que abandonar los complejos y paradigmas que representan más a sueños ideológicos, que a medidas efectistas que produzcan cambios reales.

Honestidad y limpieza ética, trabajo, libertad, dedicación y responsabilidad en lugar de lucha de clases, facilismo, paternalismo, capitalismo estatal y mediocridad o liberalismo salvaje y todo esto viviendo en las entrañas de la corrupción.. Esta es la vía para recuperar la esperanza que aunque disminuida está latente en cada persona de buena voluntad. No sigamos creyendo en el capitalismo de Estado y menos en el liberalismo sin fronteras ni márgenes como una solución a nuestro desarrollo. El mundo de la competitividad, de la alta eficiencia y de la capacitación demanda acciones concretas de cambios profundos y sobre todo una honestidad humanista, Tanto empresarios, trabajadores, como políticos, debemos comprometernos a generar esta transformación. Debemos comenzar por cambiar las falsas creencias de que tenemos un país rico capaz de garantizar prosperidad con tan sólo tener recursos naturales y una justa distribución.

Para repartir tenemos que producir. Para producir debemos tener condiciones que garanticen libertad, derechos de propiedad y un Gobierno que de ejemplo de honestidad y honradez a toda prueba, que promueva el trabajo. Luchemos por estos principios y no tengamos complejos competitivos, sino una actitud creativa y de avanzada sin envidiar el pasado. Basta de la comodidad del no hacer y de la cultura de la muerte que distancia la brecha entre pobres y ricos. Fomentemos la igualdad de las oportunidades y seamos creativos en ayudar a quien quiere esforzarse y prosperar. Esperanza, esperanza y más esperanza la podemos lograr, si tan sólo dejamos esa corrupción que esta matando al Perú, dejemos también la abierta lucha de fraticida de los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, hay que erradicar la apatía, la inacción, el piloto automático, el odio, la envidia y la difamación que existe como dogma canalla de irredentismos cainitas como forma de gobernar, de esa manera nos acercaremos a la verdad y uniremos al Perú. Esta es la oportunidad del borrón y cuenta nueva ¿y como se hace ello? Fácil: CON HONESTIDAD, HONESTIDAD Y HONESTIDAD.

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