Opinión

Mejor es inversión productiva que endeudamiento

El ex mandatario, Alan García Pérez, hace una reflexión sobre la situación internacional, la existencia de ingentes cantidades de dinero para inversión que están a la búsqueda de dónde realizarla, y la oportunidad que tiene el Perú y su nuevo gobierno, para aprovecharla.
Por: Alan García Pérez
Billones de dólares, yuanes y euros que atesora el mundo, en líquido, deberán invertirse productivamente en industrias, infraestructura o servicios para ganar rentabilidad. No pueden hacerlo en Europa sobre endeudada, ni en China que aún no recupera su velocidad y que ya gastó demasiado en su propia infraestructura, pero sí podrían invertirse en los países de latino américa que ofrezcan más seguridad jurídico-social y más velocidad de trámites y crecimiento. Hoy, el Perú está en mejor situación que sus vecinos para aprovecharlo y gracias al carácter técnico del nuevo gobierno y a la experiencia del Presidente puede lograrlo. Es el gran objetivo.
Porque con inversión productiva privada, el riesgo de los negocios o de la construcción de infraestructura corre a cargo del inversionista, se crea empleo, el país crece y se cobran más impuestos con los que hacer obra social. Este es el camino correcto.
Lo equivocado sería endeudar al país para financiar lo que debe hacer el capital, pues así se crearía un mayor problema de pago para los próximos años. Y porque, cuando las agencias calificadoras comprueban que el país se endeuda más, encarecen el precio del crédito. Ellos -los bancos y las instituciones internacionales- saben que el déficit de 3% de los últimos años tendrá que pagarse y no prestan para financiar gastos administrativos, salarios o armas.
Además, es artificial y peligroso endeudar al Estado para proyectos mal concebidos y que, sólo a larguísimo plazo, podrían ser rentables económica y socialmente. Por ejemplo, para financiar un tramo del tren eléctrico que por haberse contratado total e innecesariamente como subterráneo, duplica sus precios, con el peligro de que estos crezcan aún más por los riesgos geológicos. O para financiar un gaseoducto que multiplicó su costo sin seguridades de gas o destino productivo y para el que los más humildes hogares peruanos entregarán mes a mes miles de millones de dólares en sus facturas de luz. O para una refinería que no tiene rentabilidad visible por los bajos precios del petróleo y por lo pesado del crudo que producimos. Esos proyectos deberían redimensionarse ahora, a menor costo, o ser hechos por el capital privado a su propio riesgo. Endeudar al Estado o a los hogares peruanos para ellos, o para financiar gasto corriente o déficit, no es lo más adecuado. Ya ocurrió con el endeudamiento militar entre 1968 y 1980, que decuplicó la deuda externa y generó un problema de 30 años para el Perú.
Esto vale para todos los países del mundo y Grecia demuestra lo erróneo de ese camino. Claro que buscar o facilitar la inversión productiva es mucho más difícil que tomar créditos fáciles, cada vez más caros, y que se pagarán en los años siguientes. Pero ese es el trabajo responsable. Hoy, por ejemplo, China y sus empresas atesoran inmensas cantidades que pueden invertirse productivamente en otros continentes. Es un objetivo que deberíamos intentar de inmediato, antes que otros países latinoamericanos nos ganen la partida. Argentina comienza su reinserción, Colombia inicia una paz que atraerá la inversión mundial, Brasil “rebotará” por su gran dimensión. Pero por el momento, el Perú tiene la ventaja. Aprovechémosla.
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