Opinión

LA INJUSTICIA SE ACRECIENTA

Escribe: BENIGNO CHIRINOS S.

La situación económica, política y social del país donde se enmarca el trabajo de la CTP y el accionar de la clase trabajadora del campo y de la ciudad es de tremenda expectati­va pues si bien es cierto desde hace 14 años la economía se ha consolidado en el Perú, con un crecimiento sostenido incluso de hasta el 9% anual (pese a la crisis financiera de EE.UU. en setiembre de 2008 y su grave repercusión en la economía europea ) y hoy con una proyección del 5% , es producido básicamente por los altos precios en el mercado internacional de los mi­nerales, de la harina y del aceite de pescado así como también del sector agro exportador y de los textiles, ello no se ha plasmado plenamente en la economía del pueblo, sintiéndose más bien que la injusticia se acrecienta en la desigual re­distribución de las riquezas. Impera solo la “eco­nomía de mercado fondomonetarista” a favor del “empresariado” nacional e internacional

Para la CTP, es ilógico que los gobiernos de turno alienten las inversiones privadas y prote­jan al empresariado en su conjunto si no hay un trato igualitario para con la clase trabajadora y el pueblo, pues existe cada vez más un abismo entre las riquezas que acumula el empresario mercantilista con la pauperización del sector laboral peruano, tampoco existe trabajo decen­te, acentuándose incluso una corriente antisin­dical de parte de las sociedades agrupados en Confiep, así mismo poco podríamos hablar de la recuperación de nuestros derechos laborales conculcados (en la década del 90) y de la creación masiva de puestos de trabajo, por ello creemos que no existe justicia social ni económica en el país como política de Estado.

En el aspecto político, la economía de mer­cado propició que los trabajadores (década del 1990 al 2000) sufrieran una feroz represión, con la imposición de la llamada flexibilización laboral (neoliberalismo) perdimos los derechos incorporados en la progresista, moderna y de­mocrática Constitución de 1979 (título 1 capí­tulo V), las conquistas de 100 años logrados con lucha y sacrificio fueron arrasados por la dictadura derechista y procapitalista de Alber­to Fujimori, se propiciaron 500,000 despedi­dos del sector público y privado (para abaratar costos) y lógicamente se implementó un anda­miaje “legal” en el sector laboral para destruir al movimiento sindical, así como paralelamente se desnacionalizó el país (leoninas privatiza­ciones).

Políticamente, los gremios laborales de todas las centrales y corrientes participamos activa­mente en la lucha por recuperar la democracia, dentro de los costos no solo están los despedidos y represión antilaboral si no también la vida, en 1992 (18 de diciembre) fue asesinado el amigo y compañero de lucha Pedro Huillca Tecce líder del sector de construcción civil.

La democracia reconquistada hace 14 años no ha restituido los derechos de los trabajadores por “exigencia” y “lobbies” de los grupos de poder económico y FMI, todos los partidos políticos que están en el Ejecutivo y en el Legislativo no han sido capaces de derogar estas normas reac­cionarias como la 276, 728 y 25593, constatán­dose con ello que después de 14 años de demo­cracia el sector laboral sigue con las normas neoliberales de Francisco Morales y de Alberto Fujimori, por el total fracaso de la clase política peruana en este tema.

Como autocrítica podemos precisar que los trabajadores no hemos sido capaces de tener éxito en participar en la política nacional, no hay representantes del movimiento sindical en el Ejecutivo y/o en el Congreso Nacional, tal como sí lo hicieron los compañeros gremialistas en la Constituyente de 1932 y 1978, tampoco hemos sido capaces de construir un plan nacional de gobierno alternativo al del sistema capitalista, es decir, del modelo económico, político y social que queremos construir para el desarrollo del estado peruano, esa tarea es urgente y es un compromiso revolucionario del XVIII Congreso Nacional de la CTP (acuerdos).

La Confederación de Trabajadores del Perú aspira a una sociedad igualitaria, donde no exis­tan privilegios y donde impere la justicia social y oportunidades para todos, para ello es nece­sario construir otro tipo de democracia, pues la actual propicia lo contrario a lo que anhelamos los trabajadores. Víctor Raúl Haya de la Torre, planteó que en algún momento deberán ser los sectores productores los que conduzcan el nue­vo estado en alianza con la clase media progre­sista, ese puede ser el derrotero inmediato y futuro (político y económico) a seguir, como expresión vanguardista del pueblo y/o del mo­vimiento sindical.

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