Germán Luna

Haya o no Haya

Rumbo al Centenario de la fundación del APRA…

Por:. Germán Luna S.

Las ideas del pensador y político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre trascendieron las fronteras de su país hace mucho tiempo  y no son más un patrimonio exclusivo de su partido, el APRA, razón por la que su historia y su presente son parte del debate ideológico continental a veces tan perturbado por altas dosis de antis, subjetivismos mediáticos y un enconado y pueril electorerismo.

Hoy, rumbo al centenario de su fundación (1924-2024), el APRA tiene una responsabilidad mayor a la que expresó su generación fundadora: culminar el desarrollo de su tarea histórica y eso explica la expectativa que genera la convocatoria a su Congreso Nacional que debe probar la tremenda consistencia de su ideal y el realismo de sus programas.

Sin embargo, en medio de críticas encontradas producto de su obra social y popular versus su última derrota electoral, no tratar con objetividad el rol del partido, puede llevarnos a conclusiones erradas, sobre todo si el ambiente político está sometido a tumultos lumpenescos alentados durante cinco años por el gobierno de Ollanta Humala que acaba de culminar y que impulsó groseras campañas de desprestigio contra Alan García dañando su imagen e impidiendo que su partido pudiera tener alguna posibilidad de éxito electoral en las elecciones de este año.

Pero será la falta de condena judicial, sus dos triunfos electorales y  las obras de los gobiernos del APRA las que hablarán por García, en tanto al Partido del Pueblo le toca lograr escenarios en los que la pronta autocrítica evite que se desnaturalice la convocatoria original de su más importante cónclave y pueda de esta forma, aprovechar la energía que produce el debate interno y la correcta lectura de la realidad de este tiempo político venciendo a quienes so pretexto de encontrar “las causas de la derrota electoral”, han vuelto a la vida (política) pero sólo para acentuar las críticas a Alan García, con viejas mañas que adornan con eufemismos para privilegiar aspectos menores y claros intereses personales.

En el caso específico del PAP, responsabilizar a un candidato por la derrota y satanizar nombres para el gozo del circo que exige ajusticiamiento  no resiste el menor análisis y, de paso, hace evidente el objetivo de quitarlo de una imaginaria competencia llena de complejos en los que hay quienes piensan que no tendrán ninguna posibilidad, mientras Alan esté.

Ya en 1980, tras la muerte de Haya de la Torre, el XIII Congreso Nacional definió  entre balas  y lágrimas, en la ciudad de Trujillo, el destino de un aprismo que pudo finalmente sortear varias y sucesivas crisis, logrando incluso llegar al gobierno dos veces después de aquellos sucesos. Las motivaciones, aciertos, errores, consecuencias y responsabilidades de lo sucedido entonces y ahora, son temas de otro debate, en tanto no lo son, el recordar que habiendo sufrido varios resultados electorales devastadores, estos no han merecido el nivel de virulencia con el que se ataca al presidente García, sin duda, hasta ahora, el mejor activo político del partido.

La vivacidad de un remozado antiaprismo con rostro de antialanismo de derecha no le perdona su concepción progresista de la historia y ese discurso de clara vocación popular que le impregnó el aprismo a su trabajo político. Este antiaprismo corre al alimón con detractores al interior del partido cuya visión conservadora opone a Alan García las críticas más duras porque es el freno de sus aspiraciones dizques generacionales, no siempre legítimas, ni merecidas por cierto.

El Congreso Nacional del APRA debe ser la  expresión natural del aprismo vivo. Debe lograr la correcta lectura de la realidad local y mundial, debe definir conceptualmente las líneas maestras de su concepción ideológica en el ámbito del pensamiento hayadelatorreano y replantear sus planes y programas para expresar la representación de los trabajadores de la ciudad y del campo, es decir del Frente Único. Lograr el cambio que el aprismo requiere será entonces posible, como no, pero en el marco de un evento que muestre cómo un movimiento con la tradición  y consistencia organizacional como el PAP puede responder lo que nos propone Haya de la Torre en su obra cumbre “EL Antiimperialismo y el Apra”: ¿Partido de qué clase, y que clase de partido es el APRA?.

Solo avocándose al esfuerzo de la claridad conceptual y reconociendo la naturaleza de los matices en debate, será posible sancionar a la burocracia ineficiente y voluntarista responsables del abandono del trabajo partidario en el campo social, reanimar el trabajo de cuadros, alentar una nueva y activa militancia para, naturalmente, avanzar en el urgente recambio dirigencial que vaya más allá de los nombres y hombres cuidando el perfil de Izquierda que representa el aprismo en el marco de su Alianza Popular con las masas.

La ruta de nuevos éxitos electorales vendrá después y mostrará un partido que represente la posibilidad de lograr el bien común – eso que los apristas llaman Justicia social-,  probando además, en pleno siglo XXI, la inobjetable fortaleza de una  institución que se moderniza y la extraordinaria vigencia de las ideas de Víctor Raúl Haya de la Torre, ese gran patriota continental que entregó su vida por la causa de los que menos tienen, que lideró la Izquierda Democrática latinoamericana, inspira el Socialismo Democrático mundial y que merece discípulos que entiendan la política como un ejercicio ciudadano de servicio, y no como una posibilidad de resolver sus frustraciones, apetencias o intereses personales.

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