Germán Luna

Fidel Castro: solo la muerte pudo con él

Escribe Germán Luna Segura

El mensaje de Raúl, su hermano, dejó atónitos a quienes escucharon la noticia. Por esas cosas que nadie puede explicar, adeptos y detractores vivieron los últimos cincuenta años al lado de Fidel Castro, pensando en él, o contra él, pero todos convencidos después de cientos de atentados y planes por derrocarlo, que no moría nunca.

Sus aciertos y errores son parte de una biografía incompleta en la que la constante es el concepto de lucha y dignidad que aparece marcada con tinta más fuerte en su singular historia. Los críticos más agudos suelen mirar al régimen cubano sólo desde su equivocada posición pro-rusa, sin embargo, nadie da cuenta de cómo -en un mundo de confrontaciones, bipolar y de guerra fría-, los caminos para salir de la pobreza y el aislamiento confrontando al imperio no eran muy auspiciosos y, aunque haya quienes no le den ninguna concesión al régimen cubano, no se puede negar los respaldos increíbles que ha logrado entre el pueblo, sin perjuicio de los avances que exhibe en educación y  medicina, a pesar de las terribles restricciones que el embargo americano les impuso por décadas.

No se puede negar sin evidente mala fe, que la revolución cubana marcó la historia del mundo indoamericano en el siglo XX y que no hubo alma libre que no la apoyara en ese esfuerzo titánico contra Fulgencio Batista y lo que representaba al convertir la isla en una feria pro yanqui de mundanas cortesanas.

Los errores posteriores, el régimen los ha sufrido y sin duda que la falta de libertades ha sido y es el principal obstáculo para un gobierno que le hizo pagar a su pueblo el costo de esa confrontación.

Desde la fundación del Partido Aprista Cubano inspirado en el pensamiento de Haya de la Torre en la década de los años treinta en La Habana, el impulso creador y revolucionario de sus juventudes fue una constante que nutrió el ánimo libertario de los que luchaban contra la tiranía de Batista, razón por la que veintinueve años después que las delegaciones apristas llegaron a La Habana para acompañar y respaldar el proceso revolucionario a finales de la década de los años cincuenta, pudimos estar nuevamente en los mismos lugares y en medio de la gente, en la misma Plaza de la revolución, sintiendo que en el ambiente latía el mismo corazón de quienes desde la Sierra Maestra tomaron La Habana conquistando su revolución.

Han pasado varias décadas más y tras una interminable sucesión de errores, algunos cambios ya se hacen sentir en Cuba. Tras el descanso del guerrero, no seré quien se alegre de su muerte, menos, si estuvo delante de su gente y puso el pecho por lo que creía y, equivocado o no, probó que el imperio no es invencible y que se puede resistir con menos balas, con menos tecnología y hasta con menos ejército cuando la dignidad se convierte en un emblema de la Nación.

A nadie se le ocurre validar los excesos de una revolución que se inició con visos populares y que terminó convirtiéndose en eje de otro imperio, la URSS, ¿Pero resulta pertinente preguntarse si tenía otro camino tras la intervención, la conspiración permanente y el bloqueo? Qué fácil es decir que “ese no era el camino a seguir” en un mundo donde dos grandes potencias se repartían las esferas de influencias ante el silencio cómplice de las demás naciones.

Fidel Castro acaba de morir en su ley y, aun cuando de alguna manera dio pasos impensados para reconciliarse con el mundo, con las ilusiones libertarias de su pueblo y hasta con la iglesia a la que persiguió, dio un paso sustantivo al ser testigo y alentar las negociaciones con USA en tiempos de la globalización.

Creo que ver izar la bandera norteamericana en la isla marcó un antes y un después en el que fue el sentimiento de la gente en Cuba la que impuso el realismo necesario con el que se manejan las cosas ahora. Tras la lucha entre David y Goliat, ambos se dan la mano cumpliendo el visionario pedido de Juan Pablo II que al llegar a la Isla pidió “Que Cuba se abra al mundo, para que el mundo se abra a Cuba”.

Hay quienes ante la muerte de Fidel Castro se han vuelto a preguntar si finalmente será absuelto por la historia y ese es un asunto aún pendiente, porque pendiente esta todavía la libertad irrestricta del pueblo de Cuba.

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