Germán Luna

EL NEOFUJIMORISMO ANTIFUJIMORISTA DE KEIKO

Por: Germán Luna

Hay quienes ven fisuras en el llamado fujimorismo de “Fuerza Popular”, anuncian incluso una crisis final del movimiento que sostiene la candidatura de Keiko Fujimori olvidando que la ex primera dama de Alberto Fujimori no sólo es la cabeza visible de un movimiento electoral de marcada tendencia conservadora sino que expresa política y personalmente a su padre Alberto Kenya Fujimori Fujimori quien, como se recuerda, fue ex presidente del Perú entre 1990 y el año 2000 y actualmente purga condena en prisión.

 

La verdad es que la supuesta “razzia” hecha pública en estos días, no es parte de una crisis, sino, de una estrategia que como se recuerda, se inició con el propio Alberto Fujimori dentro de aquel modesto partido al que llamó “Cambio 90” con el que participaría en las elecciones  generales del año 1990 y que por la coyuntura del momento, logró saltar del magro 4% de intensión voto, nada menos que al triunfo, gracias al respaldo de los votantes de las fuerzas políticas contrarias a Mario Vargas Llosa.

 

Desde entonces, y tras el autogolpe que protagonizó Fujimori el 5 de abril de 1992, las cosas tomarían un rumbo que ha sido una constante del fujimorismo, el desprecio por las formas democráticas, la organización partidaria y un marcado valor superlativo del pragmatismo anti-ideológico que expresa una tambien rara manera de entender ese poder absolutista que representó sucesivamente Cambio 90, Nueva Mayoría, Alianza por el Futuro, Si Cumple, Vamos Vecino, Alianza Perú 2000, Solución Popular, Fuerza Perú  Alianza por el Futuro y, ya, en tiempos recientes, Fuerza Popular, todas expresiones mutantes del mismo fujimontesinismo auroral y totalitario que ahora pretende además ser maquillado con el retiro de algunos de sus rostros más significativos para borrar la sombra de Vladimiro Montesinos que los acompaña.

 

Hablemos claro, el fujimorismo inauguró desde la década de los noventas del siglo pasado, un estilo lleno de fobias democráticas derivadas fundamentalmente de una concepción anti partidaria del poder que convertía los supuestos partidos en herramientas para hacerse del poder y en logotipos a usar según la conveniencia, en tanto sus sus “dirigentes”, en meras representaciones formales que le permitía a Fujimori asumir personalmente los activos, en tanto los pasivos, cargarlos a “fusibles” que eran dejados de lado sin ninguna consideración.

 

La lista de los “puestos de lado” es casi imposible de rehacer, pero incluye tambien a los fieles al lema “Honradez, Tecnología y Trabajo” que inspiró las fuentes aurorales del proyecto que el discreto profesor de la universidad Agraria había anunciado montado en un tractorcito prestado, habiéndose llevado de encuentro a tirios y troyanos, entre ellos, a los líderes del sector informal de empresarios emergente que se asociaron a APEMIPE y apoyaron a Fujimori junto a los inocentones  creyentes evangélicos, los “molineros” Víctor Paredes Guerra, Victoria Paredes Sánchez, Alberto Sato, Juan Cruzado Mantilla y Abraham Pacheco, y también a Absalón Vásquez, María Jesús Espinoza y Carlos Orellana y hasta el leal publicista fujimorista Carlos Rafo, claro, sin mencionar a los recientes y emblemáticos Martha Chávez, el médico Alejandro Aguinaga  Recuenco y María Luisa Cuculiza.

 

Si bien desde Cambio 90 hasta Fuerza Popular mucha agua, denuncias, oro, dinero y juicios han discurrido bajo el puente, el esquema sigue siendo el mismo y un fujimorismo anti-fujimorista liderado por la propia Keiko Fujimori pretende “lavarse la cara”  pensando equivocadamente que los llamados “albertistas” a los que han invitado a su jubilación adelantada sin la devolución de sus Compensación por Tiempo de Servicios se irán con todo el pasivo que carga la ex primera dama  en esta campaña.

 

Keiko necesitará algo más que una declaración de amor por la Unión Civil para mitigar el futo homofóbico de su histórico discurso, taparle además la boca a las mujeres esterilizadas contra su voluntad, teñir el lienzo de la historia de asesinatos y persecuciones del fujimorismo gubernamental montesinista y hasta eliminar de alguna forma ese hálito a impunidad por robos, en tanto los millones de peruanos despedidos que lucharon en las calles por dignidad seguirán señalando a Fuerza Popular, como la organización que representa la esencia misma del fujimorismo más rancio, no ese fujimorismo que como ha sostenido Keiko “fue atacado por la corrupción”, sino, ese fujimorismo que representa lo que fue la corrupción fujimontesinista más dramática de nuestra historia.

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