Miscelaneos

EL ACORAZADO POTEMKIN

SEMILLA DE LA REVOLUCIÓN RUSA

La revolución rusa cambió el mundo para siempre. Prácticamente de la no­che a la mañana, una sociedad de no­bles y campesinos, con varios siglos de his­toria, fue destruida y sustituida en 1917 por uno de los experimentos sociales y políticos más radicales en la vida de la humanidad.

El primer gobernante en llevar el nombre de Zar (César) fue Iván “El Terrible”, quien instauró este título con el último principado de Moscú (1547), arraigando esta costumbre hasta el fin del imperio ruso (1917), es decir, hasta el asesinato de toda la familia de Nico­lás II, el último de los césares rusos. En esa fecha, también nace el mito de la princesa Anastasia, supuestamente la única sobrevi­viente de la dinastía.

La Rusia zarista fue remplazada por una era socialista que prometía paz, prosperidad e igualdad para todos los habitantes del mundo; sin embargo, este intento falló y, una generación más tarde, sumergió a casi la tercera parte de la población mundial bajo la sombra del socia­lismo realmente existente, que es la frase in­ventada por los marxistas para intentar disfra­zar el fracaso del comunismo.

Estos sucesos marcaron la pauta en la historia mundial, no obstante, un evento, el cual fue la piedra angular para todos esos cambios colocaron a la Unión Soviética en la escena política por más de setenta años fue la sublevación en 1905 de los marineros del Acorazado Potemkin, buque de guerra que estaba al mando de marinos zaristas.

Este hecho fue el combustible espiritual de toda la revolución rusa, la cual, luego de esta rebelión, tuvo que pasar por doce años de injusticias y desigualdades e incluso sufrir los embates de la Primera Guerra Mundial, para acabar con la vieja Rusia zarista, atada al inmovilismo político y ajena a la industria­lización.

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