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Editorial: ¡Que la suerte lo acompañe!

La esperanza es lo último que se pierde ante los hechos de corrupción del Estado

Somos testigos de un hecho histórico: la mayor crisis política desde el fin de la dictadura fujimorista en el 2001. Esto debido al peor caso de corrupción de la era reciente, en donde Odebrecht se metió al bolsillo a la clase política latinoamericana. Esto ha producido una desconfianza generalizada de la población ante sus instituciones, situación que en el pasado ha sido punto de partida para afrentas contra la democracia, llámese golpe de estado.

No obstante, lo primero que se puede deducir ante un caso de corrupción de tal envergadura es que el sistema, no solo de licitaciones, se tuerce y doblega ante el capital puro y duro. Sin importar inclinaciones políticas, el dinero de una megaindustria como Odebrecht ha podido controlar a la derecha y a la izquierda de una clase política que poco a poco carece de ideales.

La mayoría de funcionarios del legislativo y ejecutivo no son políticos de carrera, son oportunistas y tránsfugas que carecen de un ideal y una tendencia marcada para con su nación. La institucionalidad partidaria se ha perdido y ha dado paso a partidos formados en base a quién tiene más dinero y quién puede aportar más en las campañas. (Fuerza Popular por ejemplo).

Esto ha provocado que personas sin experiencia en gestión tomen la batuta de una nación, en donde los mejores y más preparados son dejados de lado por quién tiene más dinero, y por ende, son considerados más poderosos en nuestro país.

De esta manera, Martín Vizcarra toma el mando, ante una población cada vez más desinteresada por la política y más empecinada en formar capital como vehículo de superación. La esperanza es lo último que se pierde.

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