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Descontrol tras las cortinas

En los últimos días se han ensayado diversas definiciones sobre “cortinas de humo”, desde las más operativas que privilegian el uso desde el poder, de los recursos necesarios para priorizar uno o más temas sobre otros, hasta las más sesudas que implican la inducción de la opinión pública, hacia determinada manera de ver las cosas, por lo general, cuando hay la necesidad de que prime un punto de vista sobre un tema público.

Lo cierto es que, la materia en controversia es la percepción de la realidad, o por lo menos su mayor aproximación a ella. Muy a la usanza de Jospeh Goebbles, quien decía que “la verdad es algo que se construye sobre la base de muchas mentiras”, en las cortinas de humo, muchas veces no se necesita “inventar” los hechos, sino en crear una forma de interpretarlos. Aquí el “Armani” es externo, creado.
Cierto es también que con más frecuencia de lo que uno se imagina, la propia mente de las personas, le atribuye una coherencia a los hechos y crea su propia “cortina”, en base a una racionalidad que es “creación heroica” de su autor. Aquí el “Armani” es individual, y se enriquece con los temores del individuo y se transmisión horizontal.

Pues bien. Estos días han sido pletóricos en este tipo de sucesos. Desde los más espectaculares, como el hallazgo de granadas en Breña; los más dramáticos, como el fallecimiento de un valeroso miembro de la UDEX, cumpliendo con su deber; inamovilidad de los cuarteles que dieron a un ministro de Defensa negándose a sí mismo, en cuestión de horas, respecto a la existencia de un mercado negro de comercialización, despido de periodistas. Todos son hechos, fácticos, palpables, objetivos; el problema es si son parte de algo premeditado para ocultar otros hechos, o para que se perciba, por ejemplo, que estamos en las vísperas de un caos generalizado.

Otra más, la confrontación, sin ambages ni medias tintas, entre la vicepresidenta Marisol Espinoza y el premier, Pedro Cateriano, no tiene nada de “armado”. Son más bien, el reflejo inocultable de que dentro del gobierno hay más diferencias que acuerdos, y con el correr de las semanas, las incoherencias, empiezan a convertirse en descontrol.

¿No será que, armados y no armadas, gran parte de estos hechos, quieren dejarnos la sensación de que, mayores ataques a un gobierno – que ahora necesita ser visto como débil-, buscan generar un temor, que incluye los fantasmas del golpe de Estado, el desorden social y el camino al abismo? Algo así como: “Ok. Detona la bomba pero el edificio se nos cae encima a todos”. Por oposición, está visión le da tal la fragilidad del gobierno, que si no se le da una tregua, corre peligro hasta el orden democrático.

Mientras algunas mentes fantasiosas dentro del gobierno, quieren distraernos con estas luces de bengala, para iluminar con destellos y sombras los hechos que discurren sin pausa, lo cierto es que muchas cosas se están saliendo, en verdad y sin dudas, fuera de control. La bancada oficialista sólo está cohesionada, en base a la figura de la primera dama y su relación con el ejecutivo no hace más que erosionarse. El manejo del lote petrolífero 192, es un botón de muestra.

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