Germán Luna

Baja, baja, PPK: Lobistas y negociantes evidencian la incapacidad del gobierno

Escribe Germán Luna Segura 

Es evidente lo que ha producido el ejercicio desastroso de la administración de la cosa pública desde el gobierno de Ollanta Humala y Nadine Heredia, así como esa terrible sensación de corrupción generalizada e impunidad que siguen percibiendo los ciudadanos y, si bien esta realidad pareciera aún ser revertida, la actitud y la forma como se siguen abordando los problemas nacionales, muestran por el contrario, una perspectiva atroz que conspira contra todas las formas democráticas y la posibilidad de acuerdos políticos básicos en defensa de la gobernabilidad.

El gobierno parece estar perdido en medio del juego peligroso de señalar responsabilidades en otros y eludir las propias, posponiendo innecesariamente la resolución de los conflictos sociales como el de la huelga magisterial por ejemplo, de tal suerte que, inaugurado un tiempo en el que la casa siempre pierde, no parece ser su escaso número de congresistas, ni la falta objetiva de experiencia de sus funcionarios, sino la incompetencia de su burocracia de lujo y costosa lo que nos muestra el drama de un séquito de funcionarios insensibles, pusilánimes, e incapaces de proponer acciones concretas.

A este respecto, hay quienes sostienen con algo de razón que es la naturaleza y el origen del gobierno lo que signa su destino. La historia ha demostrado que cuando un banquero juega a político, es imposible que deje de lado los intereses que defiende, que deponga sus habilidades comerciales y finalmente deje pasar un negocio que le salta a los ojos en medio de una obra pública, lo que explica por qué mientras las calles hablan, el gobierno ni se inmuta y sigue obsesionado en los proyectos de millones de millones de dólares como el de la refinería de Talara, o la construcción del aeropuerto de Chincheros a pesar incluso del hálito corrupto que los envuelve.

Es evidente que el régimen ha reclutado lobistas y negociantes, a derechistas brutos y achorados,  sin ninguna formación conceptual e ideológica que privilegian la tarea mediata de generar fortunas a cualquier costo. No hay liderazgo, una línea de mando, cuadros capaces de replicar directivas con sentido crítico que permita además que la población con claridad sepa, sienta y se comprometa con objetivos y políticas públicas.

Desde el MEF, siguiendo la lógica ppkausista, la misma oligarquía tecnocrática pretende seguir resolviendo los asuntos con la premura del horario de trabajo y la insana distensión planteada en la hoja de papel o los fríos mails que expresan el anodino discurso de una superestructura parasitaria que apuntala la mera acumulación de reservas, impidiendo o frenando políticas agresivas de inversión y apoyo para el empleo, la creación de industrias y hasta la infraestructura que es el motor de economías como las nuestras. ¡Qué hacemos con miles de millones de dólares inmovilizados en jugosas cuentas o “invertidos” en proyectos sin ninguna repercusión social, mientras pueblos enteros carecen de carreteras e infraestructura en general y las poblaciones vuelven a la pobreza a paso acelerado? Esa es una pregunta que nadie responde aún.

Desde el punto de vista político, en ninguna área del quehacer público los problemas han sido tratados con previsión. Los comités de crisis han sido reemplazados por el supuesto y teórico expertiz de bachilleres convertidos en asesores de cuarenta mil soles mensuales que proponen rutas que han llevado al gobierno a exacerbar olas de protestas que se han respondido sólo policialmente, pero sin resolver ningún tema de fondo.

No son sólo los reclamos pendientes de médicos, mineros o los docentes universitarios lo que está pendiente como parecen haber convencido a PPK, es una peligrosa acumulación  de expectativas iniciadas irresponsablemente en la campaña electoral con la suma de promesas incumplidas las que dejan en las mismas puertas de palacio una bomba social que el gobierno no percibe o no les interesa desactivar.

Ha pasado tiempo suficiente para tomar conciencia que urgen decisiones de Estado que promuevan el retorno de la paz social permitiéndonos resolver la crisis que vivimos y, también, enfrentar el desarrollo embrionario de una nueva estrategia del senderismo que intenta tomar el escenario político penetrando desde los diversos gremios en conflicto.

Con un gobierno cada vez más débil y con una política económica de menos ingresos para la población, retrocede el empleo, aumenta la pobreza y vuelve la desesperanza, ideal caldo de cultivo de la violencia o escenario soñado de alguna aventura militar o militarista. Sépanlo, aunque los negocios permitan que algunos ricos mantengan su estatus, en poco tiempo, muy poco tiempo, esos millones no podrán evitar el drama de un país sumido en la desventura en el marco del retorno de una espiral de violencia –que algunos despistados achacarán otra vez a los “abigeos”, a “militares descontentos” o la exageración del periodismo-, pero que sin embargo, es una conocida clarinada antisistema, un asalto terrorista. Que escuche quien tenga oídos.

 

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